Historia de Sigüés

               Sigüés, es un pequeño municipio aragonés situado en el extremo norte de la provincia de Zaragoza aunque perteneciente a la comarca de la Jacetania, la cual, está conformada principalmente por localidades de la provincia de Huesca.

Geográficamente, Sigüés, limita al Este con la provincia de Huesca y al Norte y al Oeste con la Comunidad Foral de Navarra. Esta situación fronteriza, marca en parte nuestra personalidad y nuestro carácter, además de alguna de nuestras costumbres o particularidades lingüísticas.

Situada en una llanura, encontramos la localidad a orillas del Esca en su margen izquierda, tras haber efectuado el río su recorrido a lo largo del valle navarro de Roncal para, finalmente, encajarse y labrar la Foz de Sigüés, dejando diferenciadas a su vez las Sierras de Leyre y de Orba. Con sus aguas, los sigüesanos hemos mantenido siempre un estrecho vínculo en diferentes contextos, suponiendo además desde el siglo XVIII y hasta la construcción del Embalse de Yesa, un medio de vida para nuestros antepasados almadieros.

Detalle de monumento.

Monumento al Almadiero.

Sigüés existía ya en el siglo XI (la primera referencia escrita de la que tenemos constancia hasta el momento, es la que aparece en el año 1016 en el Cartulario de San Juan de la Peña, doc. 37 en el que se menciona como Sios, estando en 1086 incluido en la dote de la Reina Felicia, mujer de Sancho Ramírez, como Siuesse) pero desconocemos a día de hoy, la fecha en la que pudo tener lugar su fundación.

Durante los siglos XI y XII fue villa real hasta que el rey, Pedro II de Aragón, fue cediendo algunos lugares de realengo a la nobleza laica (se lo da en 1203 a Pedro Aznárez. El rey, Pedro IV, lo confisca posteriormente y se lo vende en 1348 a Pedro Jordán de Urriés para luego recobrarlo y de nuevo venderlo a Raimundo Pérez de Pina)2, entre otras cosas, como recompensa por haber participado sus miembros en asuntos militares, llegando así Sigüés a pasar por las manos de diferentes Señores hasta alcanzar las Cortes de Cádiz de 1812 y su definitiva puesta en vigor en 1837 (momento en el que desaparecen los señoríos jurisdiccionales y, del mismo modo, la Baronía, siendo el linaje de La Cerda el último involucrado en la Baronía de Sigüés según la revista Hidalguía, nº297-3).

Pero, de alguna manera, la historia de Sigüés ha quedado más estrechamente ligada al linaje de Los Pomar.
Los Pomar, fueron una familia de nobles de los que se tiene constancia ya en tiempos de Sancho Ramírez, quien fuera rey de Aragón y Pamplona en el último tercio del siglo XI. A este monarca y sucesores, sirvieron varios de los miembros de la familia Pomar como caballeros y llegando a desempeñar algunos de ellos diferentes cargos políticos (virreyes, gobernadores de Aragón, etc…)

Así, un primer Sancho Pérez de Pomar ya se menciona en 1470 como Señor de Sigüés; después a su hijo, Carlos Pérez de Pomar quien, casó con María Samper teniendo como hijo al tercero en llevar el nombre de Sancho Pérez de Pomar el cual, al casar en segundas nupcias con Catalina Ximénez-Cerdán, (primero casó con Beatriz de Moncayo y Moncada, teniendo como hija a Dña. Ana de Pomar), fundan en 1566 la Baronía de Sigüés para su hijo Luís, al ir éste a contraer matrimonio y por lo que se convierte en el primer barón de Sigüés.
Como dato anecdótico decir que, una bisnieta de Sancho Pérez de Pomar, Esperanza de Mendoza Pérez de Pomar (hija de Bernardino de Mendoza y Pérez de Pomar, nieto de Sancho Pérez de Pomar), casó en segundas nupcias con Francisco de Quevedo, autor clásico de la literatura española del Siglo de Oro.

A estos primeros Señores y Barones de Sigüés, se deben algunas iniciativas de carácter arquitectónico que dieron como resultado las actuaciones sobre el que era, en su inicio, un templo románico reconvertido en la actual iglesia de San Esteban, en la que conviven, en este sentido, elementos propios tanto de su estilo inicial como del gótico.

Iglesia de San Esteban

La iglesia está situada en el que sería el núcleo primitivo de Sigüés y dataría de los siglos (XI-XII). No sabemos si puede estar ocupando el lugar que antiguamente lo hiciera un monasterio (Monasterio del Santo Ángel) del que, el Libro Gótico de San Juan de la Peña, fol.54, fecha su donación a este mismo monasterio en 1025.

La planta original sería del siglo XII y constaría de una sola nave cuya altura no sería tan elevada como la que observamos en la actualidad y que, es el resultado de alguna reforma o reactualización llevada a cabo en los siglos XVI-XVII y que otorga a su interior un aspecto más propio del gótico, al cerrarse la cubierta con una bella bóveda de crucería estrellada y abrirse las capillas mediante arcos apuntados, resultando entonces una planta de cruz latina.

Los pomar, ostentaban entonces el patronato de la iglesia, la cual, estaba servida por un señor rector. La capilla del Evangelio recibió el nombre de Capilla de Ntra. Señora y también de Palacio, estando presidida incluso en la actualidad, por una imagen de la Virgen del Rosario en cuyo basamento está tallada la enseña de estos nobles. De ella escribe el padre Mateo Sumán en los apuntes para su Diccionario de 1802: “En la capilla de Ntra. Sra. del Rosario, cuyo patronato es de los Sres. Barones hay un magnífico panteón y en su superficie un sepulcro de doce palmos de largo, y seis de ancho, que ocupa todo el centro de la capilla, y sus cuatro frentes por la parte exterior, se componen de varias lápidas de piedra con inscripciones, de las cuales solo se han podido copiar las de las dos lápidas de los extremos, de las tres, que componen el frontispicio, y cuya copia acompaña esta. En la superficie hay un busto de medio relieve, vestido a la antigua española, de piedra mármol, con un león de la misma, a los pies. Suponen ser D. Sancho Pérez de Pomar, Virrey que fue de Mallorca.” 

Según el Libro de Misas de la parroquia de Sigüés de 1644, D. Justo Pérez de Pomar y Torres, pudiera ser también quien estuviera aquí enterrado.

En cualquier caso, en una de esas lápidas o lauda sepulcral mencionada por Sumán leemos: “Aquí yacen prisioneros /de la tierra como ves/ los muy nobles caballeros/generosos justicieros/dos señores de Sigüés”.

El jardín de la iglesia que hoy conocemos, en 1845 seguía siendo el cementerio según Pascual Madoz: “…y un cementerio junto a la parroquia, bien ventilado”.
Varias estelas funerarias están en la actualidad, incrustadas en el muro que sustenta el jardín.

Por seguir con los edificios de carácter religioso mencionar que, en la publicación de Sumán de 1802, se habla de tres ermitas en Sigüés (San Juan, Santa Ana y San Benito) mientras que en la de Madoz de 1845, ya solo se habla de las dos primeras: Hay tres ermitas. La 1ª de San Juan Bautista, situada a un cuarto de legua de distancia a la derecha del río Esca que baña sus paredes. La 2ª de Sta. Ana en este mismo lado, y cerca de la antecedente, pero situada sobre una pequeña colina. La 3ª de San Benito a la salida del lugar hacia poniente. Nada se sabe con certeza de su origen. No hay ermitaños. El lugar tiene el patronato.

Hospital de Santa Ana

El Hospital de Santa Ana fue un antiguo hospital que dataría también del siglo XV aproximadamente. En el Libro del Hospital que comienza el 7 de octubre de 1571, se hace referencia a otro libro anterior de cuentas y visitas al mismo. Igualmente se menciona el testamento de Don Carlos de Pomar (padre del Sancho de Pomar que fundó la Baronía) como, ambas cuestiones, relacionadas con la fundación de este antiguo hospital.

En cuanto al motivo de su fundación, en las “Ordinaciones” o reglamento del hospital leemos que obedece a: “pa recoger en el a los pobres pelegrinos que por Sigües pasasen”, insistiendo más adelante en que, la posada, sólo debía ser por un día siempre que fuera posible y, a su vez, en la condición necesaria de pobreza de sus visitantes, “porque el hospital no se hiço pa meson”.

Conviene recordar que, por la localidad, pasaban dos rutas del Camino jacobeo: Una que, desde Puente la Reina (Huesca), discurría por la margen derecha del río Aragón pasando por Berdún, Asso-Veral y Miramont hasta alcanzar Sigüés para, y pasando por la misma puerta del hospital, continuar hacia Escó y luego a Tiermas hasta alcanzar Navarra. La otra ruta procedente de Mauleon en Francia, descendía por el valle de Roncal hasta, de nuevo, alcanzar Sigüés.

Volviendo al tema de las “ordinaciones”, en total se recogen quince. En alguna de ellas se habla de los servicios que en él se ofrecían mientras que, en otras, se demuestra el carácter generoso de estos Señores y del que ya hiciera mención esa lauda sepulcral de la que antes hemos hablado al tratar sobre de la iglesia.

El libro nos aporta además otros datos que nos permiten hacer una pequeña idea de cómo lucía: “Una casa con su portal redondo y puertas grandes cubiertas con ojos de hierro”; “Un aldabón grande y de relleno en el una figura de la gloriosa Santa Engracia”. En cuanto a su situación leemos: Está arrimado a las murallas del lugar compuesto por una carrera publica por la fuera, por las espaldas con su propio patio y por los lados con casas de herederos de Gabriel Lopez y por la otra parte calleja”.

El modo por el que se financiaba el hospital, era a través del arriendo de tierras o hacienda y mediante la constitución de censales, por los que, en este caso los Pomar, cedían un capital a cambio de recibir una pensión. Volvemos a leer en el libro: Censal sobre Salbatierra de cuatro mil sueldos de propiedad con doscientos de pensión a pagar” o “Censal sobre Ena de mil sueldos de propiedad con cincuenta de pensión”.

La paga de dichas pensiones se hacía “todos los años a cuatro de octubre”.

La última visita que recoge el hospital es en 1787.

Portada del Hospital de Santa Ana

Casa Palacio

La que hoy conocemos como Casa Palacio es otro de los vestigios que atestigua el paso de los Pomar por Sigüés. Se trata de los restos de una antigua edificación de carácter defensivo que se correspondería con el palacio o castillo de esta familia de nobles. En la puerta de acceso adovelada abierta en ligero arco apuntado, encontramos parte del escudo de los Pomar tallado en su clave, lo mismo que en la del antiguo hospital de santa Ana. Dataría aproximadamente del siglo XV, momento en el que Sigüés y a modo de dato, contaba con unos 148 habitantes según el fogaje o censo de 1495.

En 1802 cita de nuevo Mateo Sumán que, en este mismo lugar, “Hay un palacio, que pertenece al señor temporal. Las torres que tiene en sus ángulos, y sus viseras, indican haber sido un castillo. En efecto se sabe que al principio de este siglo XVIII había foso, con puente levadizo, puertas forradas con hierro, y otros muchos medios de defensa. En este palacio estaba, y actualmente está la cárcel.”

Se halla en la parte alta y al norte de la localidad, de cara a la frontera navarra (Carlos Pérez de Pomar, por ejemplo, en 1503 servía como capitán de las fronteras del valle de Roncal amenazadas por los franceses1 y, más adelante, cuando se conquistó Navarra, tuvo a su cargo, por orden del Rey Católico, la frontera aragonesa que confinaba con los roncaleses) y, en el que sería el segundo núcleo edificado allá por el siglo XIII.

Al pasar estos antiguos lugares de realengo a manos de la nobleza, ésta tenía que implicarse con sus propios medios en su defensa. Así, de la fachada lateral, partía una de las cuatro murallas o puertas defensivas con sus torreones que delimitaban y fortificaban el núcleo medieval y de las que sólo queda visible la que, partiendo de la iglesia y apoyándose a día de hoy en una vivienda prácticamente contigua, enmarca un paso reducido que los de Sigüés conocemos como “El Portalico”.

«El Portalico».

Detalle «el Portalico».

Restos Antiguas Murallas.

De la arquitectura popular, destacar las chimeneas troncocónicas de las que, en la actualidad, sólo se conservan cinco.

Casa Sánchez.

Casa García.

Casa Burro vieja.

Casa López.

Casa Farrero.

Recopilado y redactado por Edurne Ibarbia.

Bibliografía:

UBIETO ARTETA, (Colección diplomática de Pedro I,  nº 2. P. 212). Historia de Aragón (1984), Ubieto Arteta, Antonio, p. 1206.

CASTÁN Y ALEGRE Miguel Ángel, Revista Hidalguía, nº297-3, “La Baronía de Sigüés”, p.260.

DOMÍNGUEZ ARÉVALO, Tomás. Linajes de Aragón, Sección 2ª, Ricos Hombres de Aragón. Linaje de Los Pomar, p. 271. 

CASTÁN Y ALEGRE Miguel Ángel, Revista Hidalguía, nº297-3 “La Baronía de Sigüés”, p. 260.

DURÁN GUDIOL, Antonio, Monasterios y monasteriolos en los obispados de Pamplona y Aragón en el siglo XI, p.83.

SUMÁN Mateo, Apuntes para el Diccionario Geográfico del Reino de Aragón Partido de las Cinco Villas, p.443.

CONTÍN PELLICER, Sebastián, Historias de la Alta Zaragoza (2ª Parte), p.102.

MADOZ Pascual, Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus posesiones en Ultramar, p.394.

SUMÁN Mateo, Apuntes para el Diccionario Geográfico del Reino de Aragón Partido de las Cinco Villas, p.443

Santa Engracia que es mencionada al hablar del antiguo hospital, fue patrona de Zaragoza de 1480 a 1642, siendo declarada como tal por el rey Juan II, padre de Fernando el Católico. Tanto Sancho como su hijo Carlos Pérez de Pomar, gozaron de alta estima por parte de ambos monarcas.

Libro del Hospital.

DOMÍNGUEZ ARÉVALO, Tomás. Linajes de Aragón, Sección 2ª, Ricos Hombres de Aragón. Linaje de Los Pomar, p. 271.

OSTOLAZA ELIZONDO Mª Isabel, Fernando el Católico y Navarra. Ocupación y administración del reino entre 1512 y 1515, p.561.

 

 

 

 

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